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Los escritores se incorporan al universo literario a partir de crear y hacer públicos sus propios textos. El sitio que cada uno habita en la literatura depende del despliegue de relaciones que allí se suscitan. Sea que gocen de mayor o menor notoriedad, de un gran o pequeño número de lectores, todos enriquecen el mundo literario con su ocupación: el trabajo del lenguaje.

Cada obra tiene una historia. Está la historia de la recepción de los escritos, de su lectura y transmisión, y también está la historia de su creación. Durante la génesis de una obra, los autores siguen distintos caminos: escriben, leen, tachan, sustituyen una palabra por otra, anotan, reescriben... elaboran un texto que no queda fijo de una vez, sino que se sostiene en movimiento y se trabaja a través de distintas operaciones textuales. Las huellas de estos procesos de escritura quedan registradas en los documentos que llamamos pre-textos, esto es, los borradores y otros escritos que forman parte de la labor creativa de una obra en particular. La conservación de los papeles de trabajo de los escritores nos concede la posibilidad de ingresar a su universo creativo, hurgar en los pasos que cada uno siguió hasta llegar al texto terminado, leer y conocer algo más en esos documentos inéditos. Como se dice en Acerca de Roderer, la novela de Guillermo Martínez, “en una gran obra también es revelador lo que quedó incompleto, o malogrado, las incongruencias, la parte de materia que no pudo ser dominada, los puntos de dificultad extrema en que para seguir adelante se debe perder algo”.

Los archivos de los escritores están conformados por esta clase de documentos y por muchos otros registros textuales que, si bien no son específicos del proceso creativo de una obra determinada, sin duda expresan algo acerca de los textos o las relaciones que se tejen en el mundo literario, por ejemplo con otros escritores o con otras obras literarias. Me refiero a las cartas, las dedicatorias, los textos que se preparan para conferencias, charlas, entrevistas o publicaciones en periódicos, marcas de lectura (las anotaciones en los márgenes de los libros, los subrayados...), las citas que cada autor rescata de los libros que lee, otros escritos más íntimos y personales o las simples notas que se van apuntando en papeles dispersos...

Lo que buscamos con este sitio es ofrecer una puerta de entrada a los universos creativos de los escritores, a partir de mostrar una selección de sus papeles de trabajo. Y el plural manifiesto se debe a que este proyecto tiene hoy su curso visible gracias a todas las personas e instituciones que han participado de su realización, ayudando a que el Archivo de Escritores Platenses saliera de sus cajas, sobres y carpetas, de sus estantes, bibliotecas y cajones, hacia la luz. Ocuparía mucho espacio mencionar cada nombre, por lo que apelaré a las generalizaciones. En primer lugar, los escritores platenses: los que escribieron y nos legaron sus textos, los que aún escriben y han participado con gusto de este proyecto. Luego, los causahabientes de los documentos, en su mayoría, familiares de los autores, pero también ciertas instituciones dedicadas al resguardo de los materiales, como el Archivo Histórico de la Provincia de Buenos Aires y la Biblioteca López Merino. Asimismo mis colegas y especialistas de otras áreas disciplinares que han aportado su conocimiento, junto a otras personas que contribuyeron con un contacto, una idea, una crítica... Finalmente, las instituciones que respaldaron el proyecto: la Comisión de Investigaciones Científicas de la Provincia de Buenos Aires (2012/2013), el Fondo Nacional de las Artes (2016), y el Complejo Bibliotecario Municipal Francisco López Merino, que abrió sus puertas para prestar su domicilio y, siendo la casa de un poeta, constituirse como casa del archivo literario de la ciudad.

María Paula Salerno

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Palacio López Merino | Calle 49 Nº 835 | ISSN 2525-0124